Miguel Ángel Gea durante la inauguración de la exposición “Bruno Munari” / Dolores Iglesias. Archivo: Fundación Juan March

Miguel Ángel Gea: “La magia no engaña a los ojos, sino a la mente”

Con motivo de los Encuentros sobre Ilusionismo y Teatro, el polímata habla sobre la teatralidad de una profesión a la que nunca tomó la decisión de dedicarse.

Fundación Juan March

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Camila Fernández Gutiérrez

Para Miguel Ángel Gea (Madrid, 1975), la fotografía es una gran fuente de inspiración. Desde hace más de treinta años, este intérprete, creador, director, historiador y escritor ha trasladado a la magia la mirada de Man Ray –comercial, artística y experimental–, puliendo el proceso de cada juego hasta hacerlo suyo. Forjado en el ilusionismo sin una escuela oficial, ha aprendido de maestros españoles y extranjeros en contextos tan diversos como congresos, festivales, teatros, pubs y centros culturales, además de enriquecer su formación en la Escuela Internacional de Mimo y Teatro Gestual Nouveau Colombier de José Piris.

Especialista en magia de cerca, ha explorado también la magia de escenario, el escapismo, la magia infantil y la fusión con otras artes. Para él, la magia no está en lo que se ve, sino en lo que el espectador cree ver. Ha creado distintos espectáculos que ha llevado a países como Estados Unidos, Chile, Argentina, Uruguay, Colombia, Francia, Inglaterra, Italia, Finlandia, China o Japón, y publicado libros como La magia española del siglo XX (2003), Esencias (2009), 20 años sobre las tablas (2015), Numismagia y percepción (2017), Intenciones (2019) y Drama en la estructura mágica (2021), además de numerosos artículos en revistas especializadas como Escenas, El manuscrito o Maese Coral.

Con motivo de su participación en los Encuentros sobre Ilusionismo y Teatro celebrados en julio de 2024, en los que figuró la Fundación Juan March, conversamos con el mago sobre su trayectoria, su manera de concebir la magia y la teatralidad de su oficio.

Pregunta. En 1991 se aficiona a la magia y seis años después decide dedicarse a ella de manera profesional. ¿Qué le lleva a dar ese paso?

Respuesta. Nunca he tomado la decisión real de dedicarme a la magia, ha sido una secuencia de acontecimientos. Iba a ser fotógrafo, pero me salió una gira en centros comerciales y acepté pensando que ya después me dedicaría a la fotografía. Luego vino otro trabajo, un proyecto, un libro, un espectáculo… y así hasta hoy. Por eso mi foco no está solo en la profesión, sino que tengo muchas facetas: de investigador, de historiador, de teórico, de conferenciante… Vivo de la magia, no de la profesión de mago.

P. Ha desarrollado diferentes disciplinas: magia de cerca –cartomagia y numismagia principalmente–, magia de escenario, escapismo, magia infantil… ¿Por cuál empezó y qué le han aportado las demás?

R. Lo que realmente me gusta es un tapete, una mesa y 15 o 20 personas a mi alrededor. Pero otras disciplinas aportan matices: el escapismo habla de la libertad, la magia infantil del juego, el mentalismo de la duda. Para interiorizarlas, no basta con leer sobre ellas, hay que ponerlas en práctica. Cuanta más información metemos en nuestro cerebro, más conexiones creativas surgirán.

P. Y la fotografía, ¿ha contribuido también a enriquecer su concepción de la magia?

R. Totalmente. Cartier-Bresson hablaba de cómo la fotografía es un instante en el tiempo, y la magia funciona igual: puede vestirse de teatro, clown o narración, pero lo imposible sucede en un segundo. Mi formación fotográfica me ha ayudado a centrarme en ese instante, a hacerlo el epicentro de la experiencia. Me inspiran autores como Chema Madoz, que juega con la reinterpretación del objeto a través de la poesía visual, algo muy afín a la magia.

Miguel Ángel Gea en “Magia al descubierto

La magia como experiencia

P. Ha trabajado en todo tipo de entornos, desde Sesame Street hasta una frutería, y recientemente en The Magic Castle de Hollywood. ¿Cómo influye el espacio en el desarrollo de la magia?

R. Muchísimo. No es lo mismo actuar para un público infantil, finlandés o estadounidense. El público americano busca espectáculo y participa activamente. El finlandés, en cambio, es menos expresivo y prefiere que el impacto sea muy fuerte. Si un mago no entiende estas diferencias, puede interpretar el silencio como desinterés, cuando a lo mejor el público está fascinado.

P. ¿Cómo capta la atención del público? ¿Y cómo juega con ella?

R. Hay que tomar la atención del público y llevarla a donde nos conviene. Cada uno utiliza sus recursos. Algunos desde el humor, otros desde la elegancia… En mi caso tengo cierta facilidad de palabra, de gestión del espacio, y esas cualidades son las que he decidido potenciar. También está la cuestión de los defectos: puedes ocultarlos o exponerlos abiertamente, lo cual genera empatía. Pero lo más difícil no es captar la atención del público, sino mantenerla. Es un trabajo de muchos años.

P. ¿Por qué es importante usar objetos cotidianos en los trucos?

R. Porque la magia se mueve dentro de la realidad. Cuanto más cotidiana sea la situación, mayor será el impacto del imposible. Juan Tamariz lo sabe bien: pide que las luces estén encendidas y evita toda escenografía teatral. Si un mago duplica su propia moneda, el efecto es impactante. Pero si duplica la del espectador, el impacto será mayor.

Magia, mente y percepción

P. Hay un dicho popular que dice que “La mano es más rápida que la vista”. ¿Cómo se aprovecha de esta idea en sus trucos?

R. Es una idea falsa, pero útil. La mano no es más rápida que la vista, pero si el espectador lo cree, no prestará atención a lo realmente importante. La magia juega con la percepción, no con la velocidad. La gente olvida los trucos porque son cosas simples, que se pierden en la memoria a largo plazo. Bien gestionadas, se vuelven inconscientes para el espectador.

P. Ha impartido conferencias sobre magia y neurociencia. ¿Qué pueden aportar bibliotecas como la Biblioteca de Ilusionismo de la Fundación Juan March a la investigación?

R. Son fundamentales. Antes, el conocimiento daba prestigio, ahora es accesible para todos. Lo importante ya no es almacenar información, sino saber cómo usarla. Una biblioteca, ya sea digital o física, es fundamental, porque ahorra tiempo y apoya la creación y la evolución.

Inauguración de la exposición “Bruno Munari” en 2022 / Dolores Iglesias. Archivo: Fundación Juan March

Más allá del escenario

P. Con el apoyo del Instituto Cervantes y el Ministerio de Exteriores, viajó a Guinea Ecuatorial para enseñar trucos a una comunidad que estaba siendo estafada por unos chamanes. ¿Cómo fue la experiencia? ¿Subestimamos el poder de la magia?

R. Increíble. Enseñamos trucos a un grupo de jóvenes en Bata, la capital continental de Guinea Ecuatorial. Fueron magos a hablar del truco, del engaño, de la trampa, y al final de la semana hicieron su propio espectáculo. Pero luego vieron el nuestro, y nos dijeron: “Vosotros sois chamanes”. Aunque les habíamos enseñado trucos, creían que lo nuestro era real. El poder de la magia no está en el truco, sino en la convicción y en el deseo de creer.

P. Al final, ¿qué es más importante, la magia o el deseo de creer en ella?

R. Nos gusta pertenecer a un grupo social, y para ello aceptamos una ideología. Salirse de ella genera soledad y malestar. Para que la mujer votase o se aboliera la esclavitud tiene que haber una idea que germine y una persona que sienta esa soledad, lo pase mal y arriesgue. En un país que ha creído en los chamanes miles de años, va a tener más fuerza Internet que un grupo de magos. En Bata, los chavales navegaban por Internet por la mañana en unos ordenadores que les dejó el Instituto Cervantes, y por la noche mantenían rituales ancestrales. En su generación conviven ambas realidades, y eso los hace muy interesantes.

P. Ha hablado de la importancia de la autenticidad en el escenario. ¿Cómo ha sido su proceso para encontrar un estilo propio?

R. Mostrar las propias inseguridades en escena puede interpretarse como un acto de seguridad. El escenario es un espacio donde te puedes permitir cosas que fuera no harías. Yo soy más callado en mi vida cotidiana, pero en escena tengo que proyectar mi mejor versión. Lo importante es aceptar quién eres, dentro y fuera del escenario.

Para saber más…

  • Sobre el estudio de la magia desde el punto de vista de la neurociencia, este libro sobre los engaños de la mente y este otro sobre cómo los trucos de magia desvelan el funcionamiento del cerebro.
  • Sobre el drama en la magia, este libro de Miguel Ángel Gea con más de treinta juegos de repertorio y cerca de cien juegos e ideas para aumentar la potencia de la magia y generar nuevas sensaciones.
  • Sobre la numismagia, este sobre cómo ha evolucionado la magia con monedas en el siglo XX y este otro que explora las curiosidades de la percepción humana y comprueba su efectividad a través de sesenta juegos.
  • Sobre la conexión con otras disciplinas, la inauguración de la exposición que dedicó la Fundación Juan March a Bruno Munari.

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