José Sanchís Sinisterra en 2020 / Archivo Fundación Juan March. Foto: Dolores Iglesias

José Sanchis Sinisterra, dramaturgo: “De forma recurrente, tengo que volver a Cortázar”

Fundación Juan March
8 min readMar 12, 2025

Javier Ortega y Camila Fernández Gutiérrez

Dramaturgo, director teatral y teórico del teatro, Sanchis Sinisterra es un apasionado de la obra de Julio Cortázar, al que ha dedicado varias adaptaciones teatrales. Superando lo que él llama “fronteras de la teatralidad”, ha explorado la conexión entre narrativa y teatro, destacando de Cortázar tanto su compromiso ético como su libertad estética. Su trabajo con el lenguaje convierte lo cotidiano en una experiencia poética y experimental.

De esa investigación salió gran parte de su trabajo y esta entrevista, motivada por su participación junto a Mario Vargas Llosa, Alberto Manguel, José María Guelbenzu y Rodrigo Fresán en Cortázar, Instrucciones de montaje (II), la segunda parte de un documental que toma la Biblioteca de Julio Cortázar –alojada en la Biblioteca de la Fundación Juan March– como punto de partida para explorar los grandes temas de su literatura: el jazz, el surrealismo, la política… Desde el humor, el juego y su capacidad para detectar lo fantástico.

José Sanchis Sinisterra (Valencia, 1940) no nació cortazariano. Llegó a Cortázar ya con 30 años gracias a su amigo, y en ciertos aspectos maestro, José Antonio Labordeta, catedrático de Historia con quien compartió dos años en el Instituto de Bachillerato de Teruel a finales de los años sesenta. Allí mantuvieron largas conversaciones en las que Labordeta fue induciendo a Sanchís a asomarse a la literatura latinoamericana, que, confiesa el catedrático de Lengua y Literatura, “conocía muy poco”.

Así fue como Sanchis empezó a leer a Juan Rulfo, a Manuel Mujica Lainez, a Julio Cortázar. “Al leer a Cortázar, sentí que mi universo europeísta, estructuralista y marxista se tambaleaba. Ahí comenzó una relación, no sé si de amor o veneración, en la que, de forma recurrente, tengo que volver a Cortázar”. Lo que deslumbró a Sanchis de Cortázar fueron los cuentos. “Ese resquebrajamiento de la realidad y de la lógica a mí debió de afectarme porque, poco después, mi teatro dejó de ser tan realista, ideológico y didáctico”. Cortázar y otros muchos narradores latinoamericanos le estaban abriendo paso al realismo fantástico, o neofantástico, como se definiría después.

Sanchis Sinisterra durante la presentación del documental ‘Cortázar: Instrucciones de montaje’ / Archivo Fundación Juan March. Foto: Dolores Iglesias

En el año 1977, y como una forma de volver a la práctica de la puesta en escena que había sido su cuna teatral en Valencia, Sanchis decide crear el Teatro Fronterizo. “¿Por qué fronterizo? Aparte del concepto de frontera, que me parece cada día más fértil por ser un punto de tensión, una zona electrizada, siempre me interesaron las fronteras entre territorios que parecen ajenos”. Analizando la literatura de Cortázar desde el punto de vista estructural se dio cuenta de que su narrativa tenía una libertad formal de la que carecía el teatro, “muy constreñido por los imperativos de la representación primero, y por esos códigos latentes, aristotélicos, de personaje, fábula, diálogo, después”. Una serie de patrones que, desde su punto de vista, restringían su libertad formal.

Eso le llevó a trasladar al teatro esa cualidad de la novela, “que, como no tuvo ningún Aristóteles que la canonizara, parece inventarse a sí misma cada vez”. Así llegaron La epopeya de Gilgamesh, el Ulises de Joyce… y Rayuela. Un libro que, como el Ulises de Joyce, es muchos libros. “En Cortázar, el concepto de juego es fundamental. Él hace muchas trampas, pero también el lector puede saltarse cinco páginas, volver al principio… no en vano se iba a llamar Mandala, pero decidió que ese título tenía un cariz demasiado solemne y tuvo el valor de llamarlo como lo que era: un juego de la primera infancia”.

Julio Cortázar jugando, en uno de sus vídeos caseros. Fuente: Cortázar: instrucciones de montaje (II) / Fundación Juan March y 93 metros

De lo fantástico, los sueños y el lenguaje de Cortázar en la obra de Sanchis

Lo que más ha marcado a Sanchis es la manera que tenía Cortázar de introducir lo fantástico: no irrumpe con estridencia, sino que se filtra por las grietas de la realidad. A ese hallazgo formal, ese “deslizamiento o desliz en el sentido bisémico de la palabra, también como error o equivocación de la lógica realista”, añade otro territorio común: el de los sueños. “Al despertar, yo no recuerdo los sueños de una manera nítida”, explica el dramaturgo, quien también ha dedicado “muchas horas de su vida creativa” a Franz Kafka, otro de sus autores fetiche. “Leyendo los diarios de Kafka, sus cuadernos y cartas, me di cuenta de que él anotaba los sueños, que ¡hay 65 escritos por él! y que eran absolutamente fascinantes. Tenían una resonancia clara con lo kafkiano en su obra poética, que no estaba definido de forma clara en la bibliografía que yo manejaba y era lo que yo quería aprehender para llevarlo al teatro”. Y aunque no hay mucha bibliografía sobre los sueños en Cortázar, la lista de cuentos que según el propio escritor nacieron de sus sueños es larga: Casa tomada, Lejana, Carta de una señorita de París, Bestiario, Cartas de mamá, La noche boca arriba, Continuidad de los parques… “Ahí hay una zona muy interesante, porque en los sueños hay una especie de acervo de formas no realistas” explica el dramaturgo.

También hay algo que ha contribuido a que sea quien es como hombre de teatro que no tiene tanto que ver con la forma como con el lenguaje. “En todo mi trabajo de dramatización de textos narrativos –Moby Dick, El informe sobre ciegos, Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sábato, textos de Kafka…– iba buscando formas, estructuras, modos de composición que no fueran los que ya estaban en el imaginario del público. Pero el lenguaje de mis personajes seguía siendo demasiado racional. Cortázar me enseñó que la poética de un relato es también la voz narrativa: el sedimento de la poética de un cuento de Cortázar es el modo en el que el narrador organiza el lenguaje”. Como dice Horacio Quiroga, uno de los maestros de Cortázar, en Decálogo del perfecto cuentista: “Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida de un cuento”. Eso fue lo que le llevó a hablar de la teatralidad en Cortázar, que para él está “sobre todo en la oralidad con la que la palabra escrita resuena y crea una atmósfera, un medio social, un estado de ánimo”.

Cortázar: instrucciones de montaje (II)

Una jornada y tres montajes

La admiración de Sanchis por Cortázar se ha traducido en diversos proyectos. En Barcelona organizó la primera maratón Cortázar en la casa Elizalde, un edificio cedido por el ayuntamiento. Convocó a actores, pintores y músicos en una jornada en la que el público deambulaba entre performances, lecturas y proyecciones. “Podías ser abordado por actores y actrices que te susurraban fragmentos recitados «a cau d’orella» mientras admirabas los cronopios que habían hecho los artistas plásticos, sentarte a escuchar la entrevista de Soler Serrano para TVE –en la que Julio está en estado de gracia–, entrar en una sala prácticamente a oscuras y verte envuelto por la voz del escritor recitando textos suyos –con esa “erre” francesa maravillosa que igual era un problema de glosa– o, en la sala más espaciosa, ver una dramatización de sus textos. De manera que había quien podía estar solo media hora, o quien se quedaba dos o tres horas, o quien volvía por la tarde. Fue un evento muy cortazariano, en el que se produjo ese entrecruzamiento que es la base de las correspondencias, del misterio, del enigma, de lo imprevisible”. En el 2000 lo repitió en Madrid, en Casa América, también con espacios en los que instaló escenas dramatizadas, instrucciones para subir una escalera o para llorar…

Además, ha habido tres espectáculos de Sanchis que han llegado “al público, ese destino imaginado”. El primero nace de Rayuela, pero el proyecto se detuvo por falta de autorización. Gira en torno a una carta de la Maga a Bebé Rocamadour: “Bebé, bebé, Rocamadour. Digo tu nombre, es como un espejo…”. En torno a ese capítulo 32, de una belleza arrolladora, Sanchis hace un trabajo de corta y pega con la separación y contraposición de Horacio y la Maga. El segundo es Lejana. Diario de Alina Reyes. “Un cuento misterioso y enigmático, en el que percibo una teatralidad insólita”. El tercero, Cortázar en juego, una especie de ensamblaje que Sanchis llevó a cabo junto a su hija Clara entre dos relatos muy distintos: Torito y Graffiti. “Graffiti es un cuento muy extraño, en el que Julio utiliza un narrador que escasea bastante: la segunda persona. Evocando la dictadura argentina, pero no solo, sitúa a dos grafiteros en un ambiente clandestino, en el que la represión está haciendo estragos y manifestaciones artísticas como esa son duramente castigadas. Torito es un monólogo de un boxeador argentino que llegó a la final de Nueva York para a partir de ahí, hundirse. Todo lo que hice fue tomar esos dos textos tan diferentes, ponerlos en un escenario e introducir un tercer personaje. Aprendí mucho, entre otras cosas varios errores que cometí en la dramaturgia que tuve que rectificar en la puesta en escena”.

La aventura del primer montaje alcanza su momento culminante cuando, ya en Madrid, Sanchis obtiene la autorización de Aurora Bernárdez, albacea y primera esposa de Julio Cortázar, para estrenar el montaje en el Teatre Lliure de Barcelona. Al terminar la representación, la viuda de Cortázar se acercó emocionada a darles las gracias a la compañía, y les anunció: “Muchas gracias, me ha encantado. Pero tengo que deciros que casi me da un infarto”. Y Sanchis: “¿Por qué, Aurora? ¿Qué hemos hecho?”. En ese montaje, lo primero que se veía de Horacio era su figura a través de un tul. Al fondo de la escenografía estaba el actor con un abrigo y fumando un cigarrillo en la puerta del apartamento de la Maga, donde ocurría toda la acción. Allí el actor –que era argentino, alto, delgado y tenía algo de las facciones del escritor–, recitaba nada menos que el fragmento «Toco tu boca», uno de los momentos más líricos de la novela. Y Aurora explicó: “Casi me da un infarto cuando veo que la obra empieza con el «Toco tu boca» y veo la figura de Julio, encarnada al fondo del escenario, con un abrigo idéntico al que llevaba en París”. “Fue muy hermoso” cuenta Sanchis. “Es como si, de alguna manera, Julio hubiera estado allí”.

Para saber más…

  • Sobre Sanchis: las 470 entradas de la Biblioteca de Teatro de la Fundación Juan March y dos conferencias en las que el dramaturgo y director teatral reflexiona sobre su trayectoria profesional.
  • Sobre Cortázar: la serie de dos episodios (I) y (II) de Cortázar: Instrucciones de montaje, en la que participó Sanchis, que gira en torno a la biblioteca que Julio Cortázar tuvo en París, que se aloja en la Fundación Juan March, y esta entrevista que le hizo Soler Serrano para RTVE en 1977.
  • Sobre Sanchis y Cortázar: este enlace a su “Carta de la Maga a Bebé Rocamadour” y este otro a “Lejana: diario de Alina Reyes. Variaciones sobre Cortázar”, disponibles para su consulta en la Biblioteca de la Fundación Juan March.

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La Fundación Juan March se fundó en 1955 con la misión de fomentar la cultura en España. Más información en march.es

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